Me acostumbré a ver la parte cómica de Woody Allen en pelÃculas como El dormilón, Toma el dinero y corre o Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo, y abordé Match Point esperando algo parecido, a pesar de las advertencias recibidas. Me dijeron que no era la tÃpica pelÃcula de Woody Allen, pero yo seguÃa convencida de que, aun siendo un drama, Match Point tendrÃa alguna conversación de esas tan-de-Woody Allen.
Lo cierto es que la pelÃcula me dejó frÃa hasta la última media hora. Todo apuntaba a que Match Point narraba los pinitos de un ex-tenista profesional, convertido en profesor de club de tenis, entre la alta sociedad londinense. Éste se introduce rápidamente en la vida diaria de una familia bien a través de un alumno, cuya hermana, además de solÃcita y enamorada, parece participar en una carrera con sus amigas de la élite basada en casarse y tener hijos. El tenista (Jonathan Rhys Meyers -gracias, Woody-) no podrá resistirse a los encantos de la despampanante novia (Scarlett Johansson) de su alumno y cuñado, por lo que comenzarán una relación ilÃcita cuyo desarrollo no puede más que empeorar.
Es el desenlace de todo el lÃo lo que hace original a este drama que, en principio, parecÃa tratarse de una pelÃcula bastante simple y, en algunos momentos, lenta. Debo admitir que esperaba un poco más de gracia (que no humor) en los diálogos, aunque a pesar de ello (o tal vez precisamente por esto) refleja con naturalidad las relaciones humanas en la alta sociedad contemporánea, por lo demás carentes de interés para mÃ, siendo sinceros. El contexto, sin embargo, es sólo una excusa para desarrollar una idea sobre el destino y el éxito personal que no deja de albergar cierta ironÃa y que convierte a la pelÃcula en algo más que lo que parecÃa ser.