La victoria de Kimi Raikkonen hoy en Interlagos debe servir para mucho. Lejos de forofismos, predilecciones, favoritismos compatriotas y otras actitudes que tanto abundan en este deporte, si hay algo claro y objetivo tras este circo de temporada es que Ferrari y Kimi Raikkonen se han llevado los dos tÃtulos mundiales frente a un McLaren que ha tenido el mejor coche de la parrilla y a dos de los tres mejores pilotos actuales.

Uno de ellos, reciente campeón de dos mundiales consecutivos, fue contratado a base de talonario para ganar el siguiente, y contra todo pronóstico, a mitad de temporada los mismos que firmaron los billetes se arrepintieron de su elección. HabÃa un gran motivo detrás: las cosas estaban saliendo infinÃtamente mejor de lo esperado con el rookie del equipo, Lewis Hamilton, un piloto fuera de serie que venÃa de ganarlo todo en categorÃas inferiores y que parecÃa no perder el ritmo en la categorÃa reina. Era demasiado tentador. Si ese gran piloto inglés, durante tantos años apadrinado deportivamente por McLaren, lograba el tÃtulo mundial el año de su debut, la gloria para el equipo y para su máximo responsable deportivo, Ron Dennis, serÃa incalculable.
La apuesta se hizo. Y precipitadamente. Hoy la fortuna y los errores han dictado sentencia. Lejos de ganarlo Ferrari, que bien lo merece, McLaren ha perdido un mundial que tuvo en sus manos durante mucho tiempo. Lo tuvo y no lo retuvo por no saber gestionar sus recursos, por no saber poner cada cosa en su sitio y dar a cada cual su merecido. La crisis interna vivida durante este año ha desembocado en las peores previsiones, y ha llegado el momento de ser consecuentes. Si un empleado falla, su jefe debe actuar sobre él. Y si un jefe falla, debe dimitir. Hoy Ron Dennis debe dimitir.