La esperanza del Hard Rock

A los que nunca hemos dejado de disfrutar de grupos como Deep Purple, Guns N`Roses, Led Zeppelin, AC/DC o Velvet Revolver nos viene bien de vez en cuando un poco de “sangre fresca” con la que rejuvenecer nuestros oídos. La respuesta la encontramos en los suizos Gotthard, una banda que si bien en sus inicios era más bien poco conocida hoy por hoy están triunfando por todo Europa y representan una verdadera esperanza para todo amante del buen rock. Me sentí afortunado al enterarme de que la banda liderada por Steve Lee iba a tocar en Bilbao, pues lamentablemente la oferta de buenas salas aquí deja bastante que desear para grupos de cierto nivel que requieren un aforo importante.
La noche empezó con muy buen pie gracias a los bilbaínos Midnight Road y su rock clásico que sorprendió a muchos. Una banda joven y prometedora a la que deseo mucha suerte desde aquí. Seguro que oiremos hablar más de ellos.
Tras ellos, los minutos parecían alargarse irremediablemente mientras los técnicos hacían su trabajo hasta que al fin Leo Leoni apareció en el escenario y nos dedicó a todos una sonrisa que no se le borraría en toda la noche. Tras él fueron saliendo el resto de componentes y por último Steve Lee, quien no perdió el tiempo y comenzó a deleitarnos con su magnífica voz en Master of Illussion. Tenía entendido que era un grupo con un directo bueno y potente, pero aún esperando lo mejor, quedé sorprendido por la calidad del concierto. El sonido, la puesta en escena y sobretodo la entrega de todos los componentes del grupo en el escenario resultó fundamental para hacernos pasar una noche inolvidable.Se volcaron sin excepción en cada una de sus canciones y el público les respondió con la misma moneda.

Vibramos con emoción con temas como One life, One Soul y saltamos como locos con Anytime, Anywehere, aunque fue con Lift ‘U’ Up cuando parecía que el suelo no duraría mucho más sin venirse abajo. Gotthard mezcla el trato cercano y agradecido con sus seguidores con baladas que emocionan a los más sensibles y con temás del hard rock más cañero para ofrecer un espectáculo musical realmente envidiable.

Poco o nada que reprochar a estos grandes músicos que dieron lo mejor de sí en una noche en la que la Santana vibró como nunca. Esperemos que vuelvan pronto por aquí. Ya tienen al público en el bolsillo.

por alatar | 10.12.2007 | comentarios (1)


Steampunk

Ciudades victorianas asediadas por fábricas que escupen humo y hollín; monstruosas máquinas de bronce que silban, resoplan, bufan y traquetean con la ayuda del vapor omnipresente; científicos locos e inventores megalómanos armados con enormes gafas protectoras y llaves inglesas cien veces mejoradas; engendros de la naturaleza y expediciones imposibles; poleas, tuberías, tuercas, válvulas, pedales, agujas, palancas, ruedas y engranajes: es el ensordecedor e incansable hormiguero del mundo steampunk.

Inevitablemente relacionado con su hermano mayor el cyberpunk, este género inicialmente literario basa su identidad en la tecnología del siglo XIX, una era -normalmente británica y victoriana- dominada por el vapor y el carbón e iluminada por los primeros pasos de la electricidad. Bien como realidades alternativas en las que los descubrimientos científicos han seguido un camino diferente -el de la mecánica frente a la electrónica-, o bien como relatos del más puro y genuino laissez-faire imperialista, el steampunk se materializa en historias oscuras, distópicas y a veces simplemente nostálgicas de tiempos más poderosos y emprendedores.

Hijo tardío de los Voyages Extraordinaires de Verne y los relatos cientifistas de H.G. Wells, el steampunk nacido en los 80 se ha desarrollado durante los últimos años hasta convertirse en lo que algunos consideran un estilo de vida en el que las gafas protectoras (goggles) no pueden faltar. Películas (algunas de menos calidad que otras) como El Castillo Ambulante, Wild Wild West o Steamboy, libros como La estación de la calle Perdido o la trilogía de La Materia Oscura -en la que los zeppelines son tecnología punta en cuanto a transporte aéreo-, La Liga de los Hombres Extraordinarios (Alan Moore) y El Increíble Cabeza de Tornillo (Mignola) en el mundo del cómic e incluso grupos de música como Abney Park o Vernian Process han dado vida a todo un universo que se expande a medida que bebe de otras fuentes -la vasta herencia de Lovecraft como una de las más reconocibles-.

No sería extraño descubrir tendencias steampunk en la moda y el diseño del futuro cercano, proceso que ya está asomando la cabeza. Vivimos en unos tiempos que comienzan a revivir los 90, y la absorción de ideas de cualquier sitio -sobre todo si se trata de culturas “alternativas”- es nuestro pan de cada día. Veremos quién será el primero en comprarse una lámpara de queroseno.

por lyra | 28.11.2007 | comentarios (0)


Triunfa la música

El Castillo de Barba Azul (B. Bartók) y Elektra (R. Strauss)
Palacio Euskalduna (Bilbao)
22 de Septiembre de 2007

Lo peor de todo lo que se vió el sábado en el Euskalduna es que quien menos lo merecía logró su objetivo: abucheo y titulares. Qué merecido habría tenido el señor Peter Konwitschny un silencio absoluto, de esos que pesan como una losa y convierten en ridículo el saludo final. Pero claro, eso es difícil de lograr. Si uno se calla se arriesga a que prevalezcan los mínimos aplausos que siempre hay, bien por aprobación o por pasotismo. Mi respuesta al insulto escénico ofrecido es que no hablaré de la labor de este hombre, que tiene cosas buenas pero que se empeña en mezclarlas con provocaciones absurdas sin otro objetivo que el protagonismo personal. Sé que la repercusión de esto es absolutamente nula, pero es lo único que puedo hacer.

El inusual programa doble de esta apertura de temporada arrancó con un Castillo de Barba Azul de gran nivel. Ildiko Komlosi (Judith) y Alan Held (Barba Azul) se entregaron a sus roles de forma brillante, consiguiendo junto a Juanjo Mena y la Orquesta Sinfónica de Bilbao momentos de verdadera belleza. No es Barba Azul una ópera que me entusiasme, pero hay que reconocer que cuanto más se escucha más se disfrutan algunos de sus momentos, como la espectacular apertura de la quinta puerta o la música que acompaña la entrada de las tres esposas. La función contó además con una buena producción de Michal Znaniecki, que sumó el mérito de someterse a una economía de medios y espacio muy limitada por la necesidad de compartir noche con un cabeza de cartel. Cambiar a Barba Azul por un enfermo mental y a Judith por una enfermera de psiquiátrico algo desequilibrada es perfectamente válido, y demuestra que en la ópera se puede innovar sin ofender ni destruir.

El elenco vocal de la polémica Elektra mereció el protagonismo absoluto de la noche, pero mucho me temo que su labor quedará injustamente ensombrecida. Dentro del altísimo nivel general, la Elektra de Janice Baird acumuló el mayor número de peros. Sensacional en las partes más exigentes por arriba, con agudos impecables, pero prácticamente inaudible en la zona grave. Se notó especialmente en su primera escena, con un monólogo bastante discreto. A partir de entonces no hizo otra cosa que mejorar, estando realmente maravillosa en el pasaje lírico de su encuentro con Orestes. También se echó en falta una actuación escénica más entregada, particularmente en lo que se refiere a transmitir con el cuerpo, algo en lo que su compañera Angela Denoke (Chrysothemis) es toda una especialista. La Denoke estuvo impecable en todos los sentidos, con su exquisita voz habitual y con una interpretación perfecta que transmitió en todo momento la personalidad miedosa, dulce, infeliz y soñadora de su papel. Ejemplar la Klytämnestra de Reinhild Runkel, demostrada especialista en el rol con unas tablas envidiables y un poderío vocal sorprendente. Fue una vieja con color de vieja, con la maldad necesaria y hasta con toques cómicos sólo concebibles en esta producción. Alan Held doblaba la noche con un Orestes intachable, en el que pudo dar rienda suelta a sus dotes de actor expresivo, algo difícil en el reservado Barba Azul pero que muchos ya recordábamos de aquel genial Leporello de hace dos años. El marido de la Denoke, David Kuebler, firmó un correcto Egisto, y entre los comprimarios destacaron las voces de Mikeldi Atxalandabaso y Francisca Beaumont frente al espanto habitual e incomprensible de Alberto Feria. Juanjo Mena dirigió a la Orquesta Sinfónica de Bilbao con intensidad y mucho volúmen, tal vez demasiado, pero en cualquier caso logró una actuación sorprendente respecto al ensayo general y desde luego que a la altura de las circunstancias. No todos pueden decir lo mismo.

por etox | 25.09.2007 | comentarios (2)


El tercer acto

Tristan und Isolde (R. Wagner)
Teatro Campoamor (Oviedo)
15 de Septiembre de 2007

Me sentía incapaz de mover un solo músculo. Mi barbilla se había aferrado fuertemente a la barandilla tapizada que me separaba, lejos, del escenario. Me dolía la mandíbula de apretar los dientes durante tanto tiempo, pero no me importaba lo más mínimo. No podía moverme y tampoco quería hacerlo. Temía que cualquier cambio de postura rompiera la magia que se había creado. A cualquier impertinencia habría respondido con una bofetada, sin sentirme culpable ni un instante. Nadie tenía derecho a sacarme de ahí. La atmósfera era única. Todos los elementos que hacen de la ópera un espectáculo total se habían juntado para conseguirlo. La escena, oscura, cobijaba a un Tristán colérico que moría enloquecido con la idea de volver a ver por un instante a la única mujer que le mantenía con vida. Una hora de agonía, de dolor, de locura y de nostalgia. Una hora de atletismo vocal indescriptible que me sumía en la experiencia musical más intensa de mi corta vida, por imperfecta que fuera. El liebstood final de Isolda pasó de ser una página bellísima a un colofón de música explosiva imposible de narrar. No había asistido a la mejor función de Tristán e Isolda, pero poco me importaba. En esos momentos no había lugar para la frialdad. Ni para la crítica. Era mi primer Tristán y mi comunión definitiva con Wagner. Quería compartirlo. Me habría gustado parar el mundo por un instante y que todos supieran que acababa de vivir algo único. Y sin embargo no encontraba las palabras. Cualquier expresión quedaba muy por debajo de lo que sentía. Qué cortas se quedan las palabras a veces, y qué grande es la música.

por etox | 18.09.2007 | comentarios (0)


Unplugged

La Sonnambula (V. Bellini)
Festival Internacional de Santander
1 de Agosto de 2007

Sobre el papel no se podía augurar precisamente un éxito. El cartel de jóvenes desconocidos junto al consagrado Roberto Scandiuzzi daba que pensar. No hace falta meterse en cuentas para entender que el dinero no da para todo, y que cuando se hace un desembolso importante por un lado es necesario recortar por el otro. En este caso se recortó por todo lo que no fue él.

Y así salieron las cosas. Una Sonnambula para el olvido, o para el recuerdo de las malas noches, como se quiera. Clamoroso error de reparto (¿imposición?) el de Diletta Rizzo Marin, hija de Scandiuzzi, para protagonizar una ópera que pide a gritos una soprano lírico-ligera y no una soubrette insegura, sin volúmen y a medio hacer. Cantar con gusto no es suficiente mérito para tener el lujo de protagonizar a los veintitrés años, a menos que lo hagas junto a tu padre. El bajo italiano ofreció la mejor voz con mucho, recreando un Conde Rodolfo inteligente y honrado, aunque algo seco y corto de lirismo al abordar su gran aria. Tampoco convenció la inversión de la noche. Muy decepcionante la actuación del joven Shalva Mukeria, del que no se esperaba una gran línea pero sí agudos para dar y tomar. Finalmente nos quedamos sin una cosa y sin la otra. Agudos esquivados en su primer dúo, interpretación plana, frases acortadas y muchos problemas de afinación en sus últimas escenas. Un futuro a la vista muy distinto del que se pudo ver en su Duque de Mantua de Bilbao el pasado octubre. Cerraba el cuarteto una desenvuelta y acertada Sandra Pastrana, que gustó hasta que llegó su momento más comprometido en el último acto, coronado con sobreagudos tirantes y víctimas del falsete. Tampoco levantó el vuelo la labor de los comprimarios, con una Marina Pardo al frente que parece empeñada en seguir los dictados lingüísticos de la Sutherland.

La noche tampoco estuvo a la altura en lo que a dirección se refiere. La propuesta escénica de Hugo de Ana no hizo sino repetir la eterna fórmula de la colina verde y el camisón blanco, esta vez acompañados por un vestuario general muy duro a la vista y un trabajo de iluminación de lo más rutinario. Dirección escénica en la misma línea: conservadora y sin originalidad, limitando la labor del coro a mantenerse al fondo y dejar que todo ocurra. Tampoco fue la mejor noche del Coro Intermezzo, aunque ni ellos ni la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias podrían estar muy motivados a las órdenes de un maestro como Ottavio Marino, empeñado en frenar el dinamismo de esta ópera con tiempos lentos e injustificados. Un broche de oro para una noche en la que todo salió mal y nada fue por casualidad.

por etox | 02.08.2007 | comentarios (3)


Musika-Música 2007

Termina un fin de semana muy musical y muy bilbaino. Lo de musical porque hemos tenido conciertos, y lo de bilbaino porque hemos tenido 55 conciertos en tres días. Es una suerte que a tu alcalde le guste la misma música que a tí, y como el nuestro es todo un fan de lo clásico, yo me alegro y aprovecho el apoyo institucional para tentar con precios muy reducidos a los amigos del tipo c) que veo con posibilidades de pasar al tipo b).

Este año las jornadas de Musika-Música se han centrado en los nacionalistas, y muy especialmente en los nacionalistas rusos. Semanas antes del evento, los tres subesféricos diseñábamos el programa al que asistiríamos, porque además de que es imposible estar en varias salas a la vez, los precios reducidos dejan de serlo tanto cuando uno empieza a sumar. En total quedaron siete intensos conciertos en tres días de pequeña sobredosis.

El viernes comenzaba con un empeño de lyra del que no me arrepiento: Coro del Patriarcado ruso de Moscú bajo la dirección de Anatoly Grindenko. Interpretaron obras litúrgicas de Tchaikovsky y Rachmaninov, y a pesar del impacto inicial de encontrarnos con doce curas cantando a capela, la experiencia fue muy interesante. Gran coro de pequeñas pero grandes voces y magníficos bajos.

Uno de los platos fuertes sobre el papel tocaba esa misma noche: Concierto para Piano y Orquesta nº 1 de Tchaikovsky y Concierto para Violín y Orquesta del mismo autor. El primero a manos del afamado Boris Berezovsky, todo un prodigio de técnica y habilidad, pero en mi opinión también un prodigio de frialdad. Reconozco que en mi cabeza está muy marcada la grabación de Emil Gilels con Zubin Mehta, y eso no es algo fácil de superar. Otra cosa fue el concierto de violín, con un Dmitri Makhtin mucho más equilibrado en facultades y transmisión. Aquí sí hubo disfrute pleno.

El sábado seguía con mucho piano y alguna que otra sorpresa. De nuevo Boris Berezovsky, esta vez en el Concierto para Piano y Orquesta nº 2 de Rachmaninov, una gran obra que me volvió a decepcionar a las manos de este virtuoso de los dedos, que, dicho sea de paso, salió al escenario partiéndose de risa y enfundado en un par de deportivas blancas al más puro estilo Steve Jobs. El resto del concierto quedó en manos de la Orquesta Filarmónica del Ural, con Dmitri Liss en la batuta interpretando dos piezas agradables pero no entusiasmantes: Una noche en el monte Pelado de Mussorgsky y Finlandia de Sibelius.

Sorpresa y primer concierto sobresaliente en la noche del sábado. Por orquesta, por director y por pianista. Fantástico Javier Perianes en el emotivo Concierto para Piano y Orquesta de Grieg, demostrando que la habilidad no está reñida con la sensibilidad, y que algún que otro pianissimo a tiempo nunca está de más para emocionar al público. Completaba el concierto una selección de las mejores piezas de Peer Gynt, con una brillante Orquesta Filarmónica de Varsovia bajo las órdenes de un enérgico y entregado Antoni Wit. Éxito de público y emocionante bis tras los aplausos.

Teniendo en cuenta lo que significa un domingo en nuestras vidas, fue duro estar a las once y media de la mañana siguiente en el teatro, pero mereció la pena con creces porque asistimos a otro de los grandes conciertos. Repetía la Orquesta Filarmónica de Varsovia tras el éxito de la noche anterior, y tanto el conjunto como la dirección de Antoni Wit volvieron a entusiasmar, esta vez con la extraordinaria Sinfonía nº 9 de Dvořák.

Absoluta decepción al mediodía en el concierto de la pianista Claire Désert. Convirtió los Preludios 5 y 10 de Rachmaninov en obras soporíferas de interés nulo, y coronó su actuación con un Mussorgsky violento y brusco como pocos. Temí por el estado de su piano cuando terminó unos inaguantables Cuadros de una Exposición. Para olvidar.

Y finalmente, la maratón llegó a su fín cuando nunca debió hacerlo, es decir, a las cuatro y media de la tarde del domingo y con el estómago hasta arriba. Buffet libre, butaca de piel y buena música nunca fueron una gran combinación para mantenerse despierto. Unos cayeron de inmediato, alguno se mantuvo firme ante las dificultades, y yo, entre ellos, mantuve una dura lucha con Morfeo que al menos me permitió disfrutar a ratos de la formidable Sinfonía Patética de Tchaikovsky. Dmitri Liss dirigía de nuevo a la Orquesta Filarmónica del Ural, esta vez con más brillo que en sus anteriores acompañamientos a mi amigo Berezovsky.

En resumen: balance notable y satisfacción generalizada después de un intenso fin de semana que tardaremos en olvidar. Ocasiones como esta no se repiten a menudo y conviene aprovecharlas. Volveremos.

por etox | 05.03.2007 | comentarios (4)


De los que hacen historia

La gente echó a correr en cuanto abrieron las puertas del BEC. Alatar y compañía tuvieron que pararme para que no fuera yo detrás. Sin embargo, conseguí mantener un paso medio tranquilo hasta que llegamos al escenario. Había tan poca gente aún que pudimos quedarnos en la segunda fila. Tras la actuación de los Porky Brothers/Monkey Trousers (que resultaron ser Poet in Process, bastante buenos), estuvimos cerca de una hora esperando hasta que por fin destaparon el auténtico escenario, un sitio enorme para Muse, tres artistas que nos harían saltar en auténtico modo berserker durante casi dos horas.

Cuando un técnico colocó el micrófono de mi único ídolo vivo justo ante nuestras narices, me di cuenta de que íbamos a tener a Matt Bellamy y sus guitarras a metro y medio durante todo el concierto (litros de baba difíciles de controlar para las presentes). Abrieron el espectáculo con los golpes de luz de la tarima donde estaba colocado Dominic Howard con su batería. Christopher Wolstenholme y su bajo aparecieron después y, por último, el líder-guitarrista-pianista Bellamy, chorreando carisma, se mostró al fin, junto a su piano.
Muse nos regaló un auténtico espectáculo con una puesta en escena perfecta y una calidad en directo que bien mereció la espera. Take a bow dio comienzo a un concierto que repasó buena parte del último disco, aunque nos dejaron más que contentos con clásicos como Bliss, Feeling good, Stockholm Syndrome o Plug in baby. Entre las nuevas estuvieron, por supuesto, Invincible, Starlight y Supermassive Black Hole, con las que saltar era obligatorio si no querías morir aplastado por toda la masa histérica -apunte: a mí no tuvieron que obligarme-. Aunque todos los presentes habríamos querido más, abandonaron el escenario tras una púa (pasó taaan cerca…) y un bis (Knights of Cydonia), dejándonos a todos un buen sabor de boca y a mí con las piernas temblando. Ahora sólo espero que vuelvan pronto a Bilbao (también me conformo con la península), porque allí voy a estar.

por lyra | 25.10.2006 | comentarios (12)


Aida, la esclava etíope

Sé que la música clásica en general y la ópera en particular no gozan de mucha aceptación entre la gente joven, casi siempre porque se tienen en mente prejuicios erróneos. Es raro que una persona se acerque a esta música si no es a) porque ha estudiado en un conservatorio o b) porque su familia le ha acercado desde pequeño. Yo soy del caso b). Y creo que mucha gente descubriría algo tan inesperado como fascinante si se decidiera a intentarlo. En vuestra mano está, queridos lectores del caso c)

Mi último descubrimiento musical ha sido una de las obras maestras de Giuseppe Verdi: Aida. Es una de las óperas más conocidas del repertorio, y después de escucharla no me ha quedado duda de que merece su lugar. A la espectacular primera mitad de la ópera le siguen un tercer acto antológico y un final de cortar el aliento. Pero es que además cuenta con algo que a la mayoría de óperas les falta: un argumento original. No es el colmo de la literatura, pero quien haya escuchado algo sabrá que el 70% de las óperas son a+b=c. Paso a resumir la triste historia de Aida, la esclava etíope.

La acción se sitúa en Egipto, en la época de los faraones. Aida, la hija del Rey de Etiopía (Amonasro), se encuentra en Egipto como esclava de Amneris, la hija del Rey egipcio. Aida está liada con Radamés, el capitán de la guardia de Egipto, a su vez deseado por Amneris.

Todo comienza cuando el ejército etíope invade terreno egipcio y amenaza con adentrarse en Tebas. El Rey egipcio decide responder y deja en manos de la Diosa Isis la decisión sobre qué combatiente deberá dirigir al ejército. Isis decide que sea Radamés, y se lo hace saber al Rey por medio de Ramfis, el sumo sacerdote de los egipcios. La situación en que queda Aida tras la decisión es de una impotencia tremenda, puesto que pase lo que pase en la batalla ella va a perder: o pierde su padre Amonasro o pierde su amado Radamés.

La batalla transcurre en el descanso que media los dos primeros actos. Al comienzo del segundo nos enteramos de que el ejército egipcio ha vencido y trae capturados a los soldados etíopes, entre los que se encuentra oculto su Rey, Amonasro. El pueblo egipcio recibe a su héroe Radamés entre trompetas de triunfo, y su Rey decide concederle el deseo que pida, además del matrimonio con su hija Amneris. Radamés ordena que se presenten los presos etíopes y Aida, que está presente, reconoce a su padre entre ellos. Ambos suplican el perdon de Radamés y éste accede convirtiendo su deseo en la liberación de los presos, a lo que el Rey acepta con la condición de que Aida y Amonasro se queden en Egipto como protección contra los etíopes.

El tercer acto tiene lugar por la noche, a orillas del río Nilo, junto al templo de la Diosa Isis. Amneris entra al templo con el sacerdote Ramfis para rezar y pedirle a Isis que Radamés se entregue a ella, puesto que se van a casar al día siguiente. Fuera del templo aparece Aida, que ha sido citada por Radamés. Pero antes de que éste aparezca llega su padre Amonasro para pedirle a su hija que averigüe por el capitán cuál será el camino escogido por las legiones egipcias en el próximo combate. Nuevamente Aida se encuentra entre dos aguas, puesto que tiene que elegir entre traicionar a su patria o a su amado. Si no consigue la información, el ejército egipcio invadirá Etiopía y su pueblo será destruído. Amonasro se esconde a la espera de que llegue Radamés, tras lo cual éste aparece y le confiesa a Aida que quiere estar siempre con ella y no con Amneris. Ambos deciden que huir es la mejor solución, y justo antes de escaparse Aida le pregunta a Radamés que por dónde deberían irse para evitar encontrarse con el ejército. Radamés, incauto, le contesta. Amonasro sale de su escondite, victorioso, y Radamés se da cuenta de que ha traicionado a su patria por Aida. Amneris y Ramfis, que salían del templo, han sido testigos de la traición y ordenan a sus escoltas detener a los tres. Aida y Amonasro consiguen huir, pero Radamés es atrapado y condenado a ser enterrado vivo.

La última escena del cuarto acto es estremecedora. El escenario se divide en dos alturas. Arriba, Amneris observa cómo tapan la losa que ha dejado a Radamés encerrado en la cripta subterránea. Cuando Radamés se ve sólo para siempre, aparece Aída entre la oscuridad. Le cuenta que descubrió a los enterradores cavando la tumba y se escondió para morir con él. La ópera termina con Radamés y Aida agonizando juntos, mientras Amneris, sobre la cripta, suplica por el alma de quien iba a ser su marido.

por etox | 08.09.2006 | comentarios (13)


Conciertos en Bilbao

Por cortesía de mi hermano, aquí os dejo esta agenda escrita por él.

No hay que olvidarse de la música en directo. Y tenemos la suerte de que este otoño se nos presenta en Bilbao una gran cantidad de conciertos muy interesantes a los que acudir, hablando siempre de música independiente, una alternativa al mainstream con el que nos bombardean los medios de comunicación masivos. Claro que si lo que te va es el rollo latino, el pop rock facilón y el dance, estos conciertos no te harán ni fu ni fa. Ahí van unas recomendaciones, acompañadas del myspace de cada banda, para que podáis oir algunos de sus temas:

21 de septiembre - The Hidden Cameras – Kafe Antzokia

Pueden presumir de haber publicado uno de los mejores discos de la década en la que nos encontramos, “The smell of our own” con canciones que son clásicos instantáneos como “Boys of melody” o “Miracle”. Ahora publican su tercer trabajo, una muestra más de su perfecto dominio melódico de la canción pop.

http://www.myspace.com/thehiddencams

23 de septiembre – Liars – Azkena

El trío de mentirosos presentan su último disco, “Drum´s Not Dead”, una vuelta de tuerca al art punk en el que se manejan tan bien. Guitarras, percusiones maniacas con ritmos electrónicos, y condensación eléctrica en los temas más tranquilos; sin duda una demostración de que su huída de Nueva York ha conseguido también que escapen de la posibilidad de convertirse en el enésimo hype de la temporada.

http://www.myspace.com/liarsliarsliars

26 de septiembre – Dominique A – Kafe Antzokia

Uno de los grandes de la escena francesa vuelve a los escenarios tras su exitoso paso por el Festival de Benicàssim. Canciones densas marcadas por el protagonismo y la expresividad de su voz, acompañadas de multitud de arreglos, guitarras y vientos.

30 de septiembre – Standard + Delorean – Kafe Antzokia

Posiblemente son los grupos más en forma de la escena independiente vasca. Standard tiene en su haber un hit del calibre de “On the floor”, un temazo que si viniera firmado por cualquier grupo anglosajón coparía las portadas de los medios especializados. Pero son de Getxo, y aquí todavía no les valoramos como merecen. Por su parte, los zarauztarras Delorean están protagonizando una de las mutaciones más interesantes del panorama musical: del punk rock que facturaban en su primer disco a los ritmos tecno que predominan en el tercero. Una cita en la que será imposible no bailar.

http://www.wearestandard.net

http://www.myspace.com/deloreandanz

18 de octubre – Juliette & The Licks – Kafe Antzokia

Sí, la protagonista de “Kalifornia” o “Asesinos Natos” se ha revelado como una estrella del rock. Su grupo recupera el espíritu punk de los mejores setenta y sus conciertos son una descarga de adrenalina en estado puro.

http://www.myspace.com/julietteandthelicks

27 de octubre – Muse – Bizkaia Arena

El rock ampuloso y grandilocuente del trío británico vuelve en concierto de grandes dimensiones, nada menos que al Bizkaia Arena. Su último disco nos ofrece una nueva ración de indie rock de estadio, sintetizadores y riffs de guitarra ochenteros, y la voz de su cantante nos recuerda, irremediablemente, al Tom Yorke de Radiohead.

http://www.myspace.com/muse

16 de noviembre – Maxïmo Park + The Spinto Band – Santana 27 (Fever)

Dos de las bandas más potentes actualmente, tanto en disco como en directo. Sus conciertos son una tralla constante de hits que incitan al hedonismo, al baile desenfrenado y que recuperan la mejor esencia del brit pop y el indie rock de los noventa. Su exitoso paso por festivales de verano no ha hecho sino confirmar que los autores de temas como “Apply some pressure” (Máximo Pak) y “Oh Mandy” (The Spinto Band) son dos de los mejores ejemplos de la música alternativa de hoy en día.

http://www.myspace.com/maximopark

http://www.myspace.com/thespintoband

por alatar | 07.09.2006 | comentarios (11)


Happy birthday, Freddie

Aunque un par de horas tarde, no he podido resistirme a hacerle un pequeño homenaje a Freddie Mercury que, si siguiera vivo, ahora mismo tendría nada más y nada menos que 60 años. Me siento honrada de que Subesferas comparta día de nacimiento con una de las mejores voces de la historia de la música, mi ídolo (si es que tengo alguno) desde que tenía trece años. El 24 de noviembre de 1991 el mundo perdió a un hombre espectáculo y a una dentadura sin igual. Desde aquí, todos los niños amamantados con música que no correspondía a nuestro tiempo seguimos esperando a que te resuciten. Zorionak, Freddie.

por lyra | 06.09.2006 | comentarios (3)
























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