The Lost Room

Últimamente ver el comienzo y final de una serie se está convirtiendo en todo un reto para el público. La estrategia consistente en estirar al máximo cualquier tipo de trama, por absurda que sea, está consiguiendo que una gran parte de las series se alarguen de forma innecesaria y terminen por sumergir al espectador en una marea de acontecimientos inconexos que desemboca en una pérdida absoluta del hilo argumental de lo que está viendo.

Tal vez una de las razones por las que recibí a “La habitación perdida” con los brazos abiertos fue precisamente saber que la serie, mini-serie en este caso, estaba terminada. Dirigida por Craig R. Baxley y Michael W. Watkins y protagonizada por el actor Peter Krause (Six feet under) consta de 6 capítulos de 40 minutos de duración cada uno.

El argumento se centra en el súbito cambio que sufre la vida del detective Joe Miller al encontrar por casualidad una llave que tiene la capacidad de abrir cualquier puerta que tenga cerrojo y trasladar a su poseedor a una misteriosa habitación de motel. Dicha habitación contenía además una serie de objetos de uso cotidiano, todos ellos con características especiales, que ahora mismo se encuentran repartidos por el mundo en manos de gente de lo más variopinta. Tal y como cabía esperar, existen organizaciones que saben de la existencia de estos “objetos maravillosos” y cuyo objetivo es obtener poder a través de ellos. Mientras tanto, el protagonista se ve involucrado en esa lucha de forma involuntaria ya que la llave que posee es anhelada por muchos. Como toque dramático y mecanismo definitivo para que el detective quede atrapado en ese juego de persecuciones pierde a su hija pequeña en la habitación del motel, por lo que moverá cielo y tierra hasta encontrarla. Pese a que ésto último suene algo recurrente, la miniserie está dotada de una gran originalidad que el espectador sin duda agradecerá.

La interpretación de Peter Krause es buena, sin espectaculares actuaciones ni demasiados matices pero dándole en todo momento la credibilidad necesaria. Lo que más me convence es que no representa al estereotipo de detective duro a quien nada ni nadie pilla desprevenido, sino a una persona normal que, llegado el momento, es capaz de arriesgarse y sobreponerse a las adversidades. En cuanto al resto de actores podría decirse que cumplen con su cometido. Siendo algo más crítico, los diálogos no están igual de trabajados en todas las escenas, dando lugar a frases planas repetitivas que al final pueden llegar a cansar. Aún así, el ritmo de los episodios es tan alto a nivel de acontecimientos que es fácil quedarse atrapado en su historia y querer ver el siguiente capítulo lo antes posible. La puesta en escena está muy cuidada, demostrando que poco o nada tiene que envidiar a la industria cinematográfica, algo que cada vez es más común en las series actuales. Desde el primer capítulo hasta el último, consigue su objetivo: mantenernos atentos, entretenidos y con ganas de saber más. Y en ese aspecto no se le puede reprochar nada, porque el cometido de esta serie no es otro que ése, quedando fuera de su competencia otro tipo de temática profunda o que invite a la reflexión.

Nos encontramos frente a una mini-serie que tiene un comienzo prometedor, un nudo interesante y entretenido y un desenlace algo insípido. Y es que el final es polémico en todas sus facetas, por mi parte creo que una serie de tan corta duración no puede concluir de esa manera, dejando tantas preguntas sin respuesta, algunas de ellas vitales para entender la propia historia. Pero viendo el panorama actual de series, podemos ir acostumbrándonos, pues parece que dejar al espectador con la eterna incógnita forma parte de la dinámica de los guionistas de hoy en día.

Recomendable 100%.

por alatar | 07.10.2007 | comentarios (7)


Conviviendo con la muerte

Me gustan las series americanas. No todas por supuesto, pero sí muchas de ellas. Cuando conocí Six Feet Under (A dos metros bajo tierra) me planteé marcar una línea divisoria entre las series que veo por puro entretenimiento y las series de auténtica calidad. La serie sobre la que voy a hablar en este artículo pertenece al segundo grupo.

“Six feet under” es una genial mezcla de drama y comedia negra creada por el guionista ganador de un Oscar Alan Ball (American Beauty), que aborda, en ocasiones con crudeza, los problemas y preocupaciones de la actual sociedad occidental. Serie políticamente

incorrecta y maltratada en España, que ha sufrido unos cambios de horario letales para sus seguidores, pero que encierra un sensacional guión y unas interpretaciones magistrales, salpicadas por una gran variedad de toques de humor negro. A día de hoy donde mejor se puede seguir es en la FOX o esperar a que vayan saliendo las colecciones de cada temporada en DVD.

Nathaniel Fisher, propietario de la funeraria “Fisher e hijos” muere en un accidente de coche dejando el negocio familiar a su hijo David, al que en poco tiempo se le unirá Nate, el “hijo pródigo”, para ayudarle a controlar los entresijos de su empresa de pompas fúnebres en la ciudad de Los Ángeles.

A lo largo de los capítulos iremos conociendo a todos los componentes de esta familia y sus respectivos sueños, motivaciones y problemas por los que luchan día a día. Ruth, una madre controladora y semi-paranoica que tiene grandes dificultades para conversar y relacionarse con sus hijos, David, el hijo responsable y con visión de negocios, Nate, el vividor que retorna a casa con ganas de empezar una nueva vida y Claire, la hija adolescente de vida rebelde pero con grandes convicciones. Lo que más llama la atención desde un primer momento es la profundidad inusual que se da a cada uno de los personajes, no como componentes de un argumento lineal que acaban confluyendo en los mismos puntos sino como piezas totalmente caóticas e impredecibles que dotan a la serie de una naturalidad atípica.

Como era de esperar, no ha pasado desapercibida en los Emmy o en los Globos de Oro, y ya tiene en su haber numerosos premios que terminan por consagrar a esta serie como una de las grandes de la historia de la televisión.

por alatar | 21.10.2006 | comentarios (7)
























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